Vida de OJD: Referente reconocido

OJD verificó en 1986 la difusión de 75 diarios y publicó una recopilación de cifras de controles efectuados durante el año en la que, por primera vez, ofrecía datos sobre el lugar de publicación, publicidad, precio de cubierta, promedio de tirada, promedio de difusión, periodo controlado, fecha del Boletín en que aparecía el acta de control y otras observaciones. Todo ello referido a periódicos diarios, revistas y hojas del lunes. Los ingresos por publicidad de la prensa diaria española rondaban ese año los 143.000 millones de pesetas.

En 1988 se introdujeron cambios importantes en el funcionamiento de la Oficina. El consejo de administración y la junta general de accionistas pasaron a ser regidas, gobernadas y administradas por un comité ejecutivo. Se estableció que los periodos de control para diarios, semanarios, publicaciones quincenales y mensuales habían de corresponder a semestres o años naturales. Además, la cuarta versión del Reglamento de Trabajo (las normas del control de difusión) dio una definición específica de difusión pagada, gratuita, bonificada y calificada.

La Guía de la distribución geográfica se publicó en 1991, ofreciendo las cifras de difusión agrupadas por áreas Nielsen. Al año siguiente, se modificaron los Estatutos para contemplar el comité ejecutivo como órgano de gobierno y adaptarlos a la Ley de Sociedades Anónimas de 1989. También en 1992 OJD realizó una ampliación de su Capital Social, dando entrada a nuevos accionistas pero manteniendo el equilibrio existente entre anunciantes, agencias y medios. También, como consecuencia de lo anterior, renovó su consejo de administración y se comprometió a que el 30 de junio de cada año estuvieran controlados todos los diarios, siempre que la declaración del editor se presentara antes del 28 de febrero.

La Prensa Periódica: Reconversión tecnológica y empresarial

En 1989 salía a la calle un nuevo diario: El Mundo del siglo XXI, impulsado por una serie de profesionales procedentes en su mayoría de Diario 16, entre otros el ex-director de esta última publicación Pedro J. Ramírez.

El periodo conoció también el final del descanso dominical y la desaparición de las populares Hojas del Lunes, el cambio en el formato de los diarios (de sábana a tabloide), la publicación de vistosos magacines dominicales y la introducción progresiva del color, primero en las portadas y en la publicidad.

La llegada de las televisiones privadas (Ley de Ordenación de las Telecomunicaciones de 1988) puso fin al monopolio público y revolucionó la oferta audiovisual. La masiva captación tanto de espectadores como de publicidad por parte de la televisión, tuvo enorme repercusión en los demás medios, que se vieron obligados a iniciar profundas transformaciones para mantener su competitividad.

Durante la década de los ochenta el mercado publicitario experimentó un crecimiento sin precedentes (con incrementos interanuales que oscilaron entre el 18 y el 37%). Esta tendencia se rompió en 1993 a causa de la recesión económica y comenzó a estabilizarse en 1995.

Según un informe del Banco Bilbao Vizcaya (BBV) para 1995, España era “en diarios, el quinto mercado europeo en inversión total, por detrás de Alemania, Reino Unido, Francia y Holanda. Pero en cuanto a gasto per cápita, ocupaba tan sólo la decimotercera posición, reflejando los escasos índices de lectura de prensa”. En lo que se refiere a revistas, y según el mismo informe, España ocupaba la sexta posición en inversión total  y la duodécima en gasto per cápita.

La modernización de los sistemas de impresión -y en concreto los stackers, máquinas que permitían a las rotativas clasificar y empaquetar automáticamente los ejemplares- provocó una profunda reconversión en la distribución de la prensa escrita. También la  multimpresión abrió nuevas posibilidades de acercar el producto al lector, iniciándose un proceso de descentralización en la impresión de cabeceras. El País, ABC y El Mundo obtenían más de la mitad de su difusión fuera de la Comunidad de Madrid. A mediados de los ochenta surgieron diversos grupos de prensa regional (Comecosa, Prensa Ibérica y Zeta, entre otros).

Transformaciones Mundiales: El fin de una época

La caída de los regímenes comunistas en la Europa del Este en 1989 y la desaparición de la Unión Soviética en 1991 pusieron el punto final a lo que Eric Hobsbawm llamó “el siglo XX corto”. A juicio de este gran historiador, en los años finales de la década de los ochenta y los primeros noventa terminó una época de la historia del mundo y comenzó otra nueva.

Algunos quisieron ver en este tránsito nada menos que el fin de la historia (Fukuyama) y el triunfo universal de la democracia y el capitalismo. El fin del apartheid en Sudáfrica, con la llegada de Nelson Mandela a la presidencia en 1994, y el restablecimiento de la democracia en varios países de Iberoamérica (Uruguay, Argentina, Perú, Bolivia, Brasil y Chile) parecían avalar esta tesis. Pero muy pronto la sangría que se desató en los Balcanes o en Chechenia les sacó de su error.

El proceso de transición a la democracia de los antiguos estados comunistas de Europa del Este se completó con relativo éxito en muy poco tiempo. Dos personalidades que habían simbolizado la resistencia cívica al comunismo, el escritor checo Václav Havel y el obrero polaco Lech Walesa, fueron elegidos presidentes de Checoslovaquia (que se dividió pacíficamente en dos estados en 1992) y Polonia, respectivamente.

El Tratado de Maastricht (1992) creó la Unión Europea como entidad política y fijó los criterios de convergencia entre países para llegar a la moneda única. En Italia, la denuncia de la corrupción política y las connivencias entre destacados políticos y la mafia, provocaron la revisión de la Constitución y la desaparición de los partidos que habían gobernado desde 1945.

En 1991, árabes e israelíes participaron en la Conferencia Internacional de Madrid sobre Oriente Medio. Pese a que desde 1987 había estallado en la zona una violenta insurrección palestina en respuesta a la ocupación israelí de Gaza y Cisjordania, los acuerdos de Oslo de 1993 parecían garantizar la seguridad de Israel y reconocer la autonomía palestina bajo el gobierno de una Autoridad Nacional. Fue un espejismo.

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España: Integración europea

Entre las elecciones de junio de 1986 y las de 1993, la segunda etapa de gobiernos del PSOE presididos por Felipe González estuvo marcada por una bonanza económica generalizada en Europa, a la que España pertenecía de pleno derecho desde su ingreso en la CEE el 1 de enero de 1986. La entrada de España y Portugal en lo que entonces se llamaba mercado común, coincidió con un momento de paso hacia una mayor y definitiva integración económica. La puesta en marcha de programas de convergencia (1991) preparó la implantación de la moneda única.

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Los medios y algunos sectores críticos del propio partido socialista empezaron a llamar felipismo al modo personalista, pragmático y desideologizado con que el presidente González dirigió la política y el gobierno en estos años. Un periodo de modernización social, en el que España mostró al mundo su cara más amable en dos escaparates de lujo: los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, un gran éxito deportivo y organizativo, y la Exposición Universal de Sevilla.

La ruptura con los sindicatos mayoritarios y en especial con la UGT de Nicolás Redondo; el éxito de la huelga general del 14D y los casos de corrupción (Juan Guerra, Filesa, el GAL) socavaron el prestigio del socialismo gobernante y prepararon el camino para una victoria en las urnas del centro-derecha, dirigido por Aznar. Pero ésta no se produjo hasta 1996.

El terrorismo aún golpeó con fuerza a la joven democracia española. ETA asesinó en la etapa socialista a 377 personas, en su mayoría militares y miembros de las fuerzas de seguridad del Estado, pero también políticos (el senador Enrique Casas) o miembros de la judicatura (la fiscal Carmen Tagle). Atentados indiscriminados con coche bomba, como el de Hipercor en Barcelona o contra vehículos militares en Madrid, conmocionaron a la opinión pública.

Principales magnitudes

La difusión de la prensa en España en este periodo pasó de poco más de tres millones de ejemplares (3.046.400) en 1987 a superar los cuatro millones seis años después (4.126.200 en 1993). Este incremento supuso que, por primera vez, España superó el índice de cien ejemplares por cada mil habitantes, que la Unesco establece como umbral del desarrollo.

La difusión controlada por OJD suponía a finales de 1984 el 97,3% de la difusión total de los diarios españoles. La tirada media se situó en torno a los 29.000 ejemplares, lejos de los 80.000 en Italia o Francia y los 200.000 en el Reino Unido. Sólo tres cabeceras superaban los 200.000 ejemplares (El País, Abc y La Vanguardia) y otras cuatro aparecían entre los 100.000 y los 200.000 ejemplares (El Periódico de Catalunya, Diario 16, El Correo y El Mundo). Dos diarios deportivos editados en Madrid, Marca y As, se situaron también en los primeros puestos de difusión, seguidos de los diarios catalanes Sport y El Mundo Deportivo.

El sistema informativo quedó estructurado en un modelo descentralizado, en el que la prensa regional y local registró un crecimiento muy superior al de Madrid. En esos años los periódicos propios de cada ciudad se situaron en los primeros puestos de los índices de difusión en catorce de las diecisiete comunidades autónomas.

El periodo conoció algunas aventuras fallidas (Claro, El Sol y El Independiente) y fue la época dorada de un puñado de revistas semanales de actualidad (Interviú, Tiempo, Cambio 16 y Época). En prensa  profesional, se produjo un incremento de títulos significativo: OJD llegó a controlar en este periodo más de cien publicaciones médicas, con una difusión total cercana al millón y medio de ejemplares.

En esta década, se produjo un importante incremento de la difusión de revistas (4,5 millones de ejemplares) liderado por  las femeninas  Pronto y Hola con casi 700.000 ejemplares. También los dominicales de los diarios crecieron  llegando alguno a alcanzar el millón de ejemplares (Suplemento Semanal).

Cabe mencionar finalmente a las publicaciones comarcales y locales de Cataluña, de las que OJD controlaba más de treinta  títulos en los ochenta.